Brecha generacional y el horizonte de la ciudadanía plena
Fouad Borni
7/23/20265 min leer


La pugna por la alternativa en la gestión del Islam en España
Introducción: Parálisis estructural y distanciamiento cognitivo
Si el análisis del impacto del tutelaje financiero y político exterior evidenció en las entregas anteriores cómo se neutralizó la operatividad de las macroestructuras institucionales del Islam en España, la consecuencia directa de esta crisis orgánica es el profundo distanciamiento cognitivo y emocional entre estas entidades y el colectivo que legítimamente representa "el porvenir": los jóvenes musulmanes nacidos y formados en este país. Nos adentramos en un escenario latente pero decisivo: "la brecha generacional". Una realidad donde las instituciones tradicionales orbitan en una dimensión ajena a las demandas del nuevo relevo ciudadano.
Instituciones de la "primera generación" y el lenguaje del pasado
La mayoría de las mezquitas y entidades representativas actualmente constituidas en España fueron articuladas bajo los parámetros conceptuales de la "primera generación" de migrantes, cuya prioridad cardinal era la salvaguarda de la identidad de origen y la preservación frente a una asimilación desintegradora. Bajo este prisma, las lógicas de gestión, los canales de interlocución y el orden de prioridades se diseñaron para un perfil transitorio que proyectaba su mirada hacia el exterior. Consecuentemente, el templo y la representación continuaron supeditados a dinámicas endogámicas e influencias exógenas que divergen paulatinamente de la realidad social y jurídica de la España contemporánea.
Estas estructuras padecen hoy de una esclerosis institucional. Quienes detentan el poder formal se muestran reacios a propiciar el relevo o a integrar de manera efectiva a los cuadros jóvenes, ya sea por la preservación de privilegios corporativos o bajo la presunción infundada de que la juventud carece de la experiencia necesaria o de un compromiso religioso homologable a sus patrones tradicionales. El resultado es el enrocamiento de las administraciones en equilibrios étnicos e históricos que resultan ajenos a las nuevas realidades.
La doble alienación y la quiebra comunicativa
El joven musulmán español se enfrenta en la actualidad a un escenario disonante. Al aproximarse a una mezquita o al interactuar con las federaciones o la CIE, colisiona con una barrera idiomática y discursiva estéril: discursos pronunciados en árabe clásico o dialectos regionales que dificultan la asimilación profunda de los contenidos, o traducciones literales desprovistas de conexión con el entorno.
Mientras estos jóvenes debaten en aulas universitarias e institutos sobre justicia distributiva, emergencia climática, identidad digital o precariedad laboral, el discurso institucional dominante continúa replicando planteamientos importados o debates formalistas que carecen de operatividad bajo el prisma de la ciudadanía europea, o impone tabúes sobre el abordaje de problemas y fenómenos sociales apremiantes y alarmantes a la vez. Esta incapacidad estructural para tejer puentes hermenéuticos e intelectuales en un castellano fluido, riguroso y contemporáneo aboca a los jóvenes a una "doble alienación":
Exclusión en el plano societal amplio: donde determinados sectores de la sociedad mayoritaria persisten en catalogarlos bajo la condición de "eternos hijos de inmigrantes", al margen de su competencia lingüística y cívica.
Exclusión en el plano confesional interno: donde perciben sus instituciones como espacios anacrónicos dirigidos por lógicas añejas, incapaces de canalizar sus inquietudes o de proveer respuestas a sus dilemas cotidianos en los ámbitos académico, laboral, de desarrollo personal y en la sociedad en general.
La crisis del modelo importado y la dependencia referencial
Esta alienación no es un mero déficit lingüístico, sino el resultado de una crisis más profunda en los referentes y modelos dominantes que hemos analizado en los artículos anteriores. La gestión del Islam en España se encuentra hoy entre dos tierras: por un lado, un amplio sector de musulmanes de origen migrante a los que se ha mantenido deliberadamente vinculados a las políticas e identidades de sus países de origen; y por otro, sectores de musulmanes españoles nativos que han caído en una suerte de "enajenación cultural", al contemplar a los países islámicos de origen árabe como el modelo supremo y el único baremo de legitimidad religiosa y organizativa. Esta convergencia entre el arraigo exterior del migrante y la fascinación idealizada del nativo ha generado un discurso híbrido que replica dinámicas de Oriente Medio o del Magreb en el contexto español. Consecuentemente, se priva a los musulmanes locales —independientemente de su origen— de la posibilidad de vertebrar un Islam autóctono arraigado en su realidad cívica, consolidando el enrocamiento de unas instituciones que la juventud percibe como entidades importadas y ajenas a su geografía vital.
Las nuevas élites y el horizonte de la ciudadanía plena: La generación universitaria
No obstante, esta alienación y el desplazamiento sistemático ejercido por las élites tradicionales no han paralizado la iniciativa del nuevo relevo. Al contrario, de esta tensión ha emergido un dinamismo liderado por jóvenes profesionales y académicos musulmanes dotados de un alto capital formativo que rechazan la asimilación paternalista y exigen el pleno ejercicio de una ciudadanía activa y soberana.
A diferencia de los fundadores, esta generación de ciudadanos musulmanes españoles (de diversos orígenes geográficos e incluyendo a españoles nativos) domina las herramientas epistémicas y técnicas del presente. Son graduados por universidades españolas en disciplinas como Derecho, Ciencias Políticas, Medicina, Sociología, Ingeniería y Periodismo. Este colectivo se desmarca del complejo de subordinación; gozan de la condición de ciudadanos de pleno derecho, dominan el marco constitucional y conocen con precisión los resortes de la administración pública y jurídica del Estado.
Esta juventud no aspira a que sus representantes "soliciten favores" o prebendas para disponer de un espacio de enterramiento o de menús escolares adaptados. Abordan estas demandas como derechos fundamentales garantizados por la Constitución, exigibles a través de la vía jurídica y de una incidencia política rigurosa con plena simetría, no mediante pactos de sumisión ni demostraciones de lealtad clientelar para conservar subsidios de funcionamiento.
La articulación de la narrativa alternativa: Identidad plural como vector de influencia
Ante la inacción teórica de las instancias representativas oficiales, esta generación universitaria y del tejido asociativo independiente debe alzarse para articular una "narrativa alternativa" fundamentada en tres ejes:
Identidad múltiple y reconciliada: Asumir la identidad híbrida como "musulmanes españoles" con total naturalidad y coherencia. El Islam no es percibido como un elemento extraño que deba justificar de forma defensiva su encaje, sino como un componente histórico y contemporáneo que enriquece la pluralidad del Estado y de Europa.
Soberanía y autonomía intelectual: Se postula la necesidad de emanciparse de las corrientes dogmáticas importadas para iniciar la construcción de una hermenéutica y una práctica cívica adaptadas al contexto español, al margen de las disputas geopolíticas que lastraron la gestión de las generaciones precedentes.
Articulación cívico-política efectiva: Se promueve la transición del repliegue identitario en los centros de culto hacia una participación activa en el tejido asociativo civil, los movimientos sociales, ecológicos y políticos del país. Esta dinámica busca resituar al colectivo musulmán como un "sujeto transformador y proactivo" en el debate público general, y no como una minoría pasiva dependiente de políticas de asistencia o asimilación cultural.
Conclusión: El único vector de viabilidad
Este impulso transformador, pese a su deliberada exclusión de las instancias orgánicas oficiales de representación, constituye el único vector de viabilidad para la renovación del panorama islámico en España. La prolongada parálisis en la aplicación efectiva del Acuerdo de 1992 difícilmente resistirá la presión argumentativa e institucional de un colectivo de juristas y politólogos jóvenes que maneja con soltura la terminología y las lógicas del Estado. El porvenir no pertenecerá a las estructuras hipotecadas por intereses externos, sino a la narrativa alternativa de una generación que asume este país como su hogar definitivo y la ciudadanía de pleno derecho como su único camino hacia la dignidad y la equitativa representación institucional.