Disección del frente interno (Parte 2)
Fouad Borni
7/21/20266 min leer


Las bases silenciosas y las mezquitas desarraigadas: Disección de la profunda brecha entre la realidad de los musulmanes y los laberintos de la gestión
Al publicar la primera parte de esta disección, recibí valiosos comentarios y reflexiones por parte de un activo observador del hecho religioso en España. Fue profundamente reveladora, a la par que dolorosa, la crudeza de una realidad incontestable: la agudización de la brecha existente entre la generalidad de los musulmanes y quienes pretenden ostentar su representación, evidenciando una total ausencia de relación real o vínculo orgánico entre las bases silenciosas y las representaciones directas; esto es, los gestores de las mezquitas y comunidades locales (en la base), y las altas estructuras; federaciones y Comisión Islámica (en la cúspide).
Este diagnóstico participativo nos sitúa ante una realidad palmaria: las comunidades musulmanas diseminadas por el territorio español sufren lo que se perfila como una quiebra de la afinidad o una desconexión entre el ciudadano musulmán contemporáneo y su entorno organizativo. Las raíces de este problema, según mi lectura del escenario, radican en la elección arbitraria de los responsables locales y en la omisión de criterios de competencia y elegibilidad en los perfiles promovidos. Con frecuencia, estos gestores se ven abocados a un escenario de desamparo operativo, donde la inacción circundante parece susurrarles el pasaje bíblico: "Ve tú con tu Señor y luchad, que nosotros nos quedaremos aquí sentados". A esto se añade el distanciamiento de las instancias representativas superiores respecto a las precariedades cotidianas de las asociaciones locales. Esta dinámica provoca que las directrices cupulares discurran por una vía ajena a la realidad de las bases, impulsando a los profesionales técnicos y a la juventud a interrogarse legítimamente sobre la transparencia y vocación democrática de dichos procesos y períodos electorales.
Gestión caótica y mentalidad de "amateurismo" en la dirección de las mezquitas
El impacto de este bloqueo central sobre el terreno se manifiesta con claridad cuando transitamos de la crítica a las macroestructuras a la confrontación con nuestra realidad diaria en el interior de las mezquitas y entidades locales; un ámbito donde se observa una aguda carencia de gobernanza institucional. La gran mayoría de las juntas directivas que gestionan estos centros se constituyeron al amparo de impulsos devocionales y buenas intenciones. Sin embargo, las buenas intenciones por sí solas no erigen instituciones sólidas y sostenibles en un Estado de derecho. Hemos constatado cómo la gestión del hecho religioso se articula con frecuencia desde la óptica del asociacionismo tradicional y espontáneo, abocando la administración de los centros a la improvisación.
Esta falta de rigor técnico se traduce en la ausencia de estructuras organizativas y financieras transparentes, lo que proyecta una percepción desfavorable ante la Administración pública española. En contraposición, proliferan entidades que confunden, ya sea por deliberación o por inercia, las esferas cultural, religiosa y política. Esta confusión estructural asimila de forma forzosa el "expediente migratorio" con la "práctica religiosa", gestionando el centro confesional bajo una lógica de "tutela cultural de la comunidad de origen" en detrimento de los parámetros de una ciudadanía constitucional soberana. Todo ello concurre en un escenario carente de perfiles técnicos cualificados, frente a una notable hipertrofia del afán de notoriedad y la disputa por liderazgos y presidencias ficticias.
Esta problemática se ve notablemente agravada por un desconocimiento generalizado conceptual sobre la naturaleza real de una "asociación" como estructura democrática y participativa. Prevalece entre los fieles la noción errónea de que la responsabilidad comunitaria expira en el momento de la votación de la junta directiva; a partir de ahí, se desplaza a los gestores en solitario bajo la premisa de que ellos "son la asociación" y detentan el monopolio de la decisión. Lamentablemente, este enfoque distorsionado es asimilado por los propios dirigentes, quienes tienden a aislarse en dinámicas cerradas, interactuando con sus bases casi exclusivamente cuando se requiere la recaudación de fondos para obras de acondicionamiento o adquisición de bienes materiales, despojando al asociacionismo de su dimensión de desarrollo comunitario.
La encrucijada financiera y la carencia de conciencia jurídica y de derechos
Esta precariedad administrativa se encuentra estrechamente vinculada a un modelo de financiación supeditado casi en su totalidad a las donaciones en efectivo y no sistematizadas (colectas). Si bien estas aportaciones reflejan la generosidad de los fieles, la dependencia exclusiva de este canal impide a los centros trazar una planificación estratégica y los expone a crisis financieras cotidianas. Asimismo, este flujo genera una percepción de opacidad que alimenta las reservas y los mecanismos de fiscalización de las autoridades financieras y de seguridad, las cuales exigen de forma constante la trazabilidad y claridad de los fondos. A esta problemática se suma el riesgo derivado de una eventual y creciente dependencia de financiaciones externas condicionadas, susceptibles de hipotecar la soberanía en la toma de decisiones internas de la entidad.
Inmersas en las urgencias de la gestión diaria, numerosas entidades han incurrido en errores estratégicos de calado:
Aislamiento y devaluación ciudadana bajo el estigma del "hecho religioso extranjero": La mezquita ha transitado en diversos barrios hacia el modelo de una "isla aislada" que reproduce la cultura de los países de origen; limita su apertura a los horarios de oración y carece de iniciativas que reviertan en beneficio del barrio o del tejido asociativo y civil circundante. Esta ausencia institucional consolida en el imaginario ciudadano la percepción del centro como un espacio exótico, cerrado y supeditado estrictamente al fenómeno migratorio, en lugar de proyectarse como una institución ciudadana abierta que coadyuva al bien común.
Déficit en la formación juvenil y extrañamiento del discurso del minbar: El discurso orientador y pedagógico ha permanecido relegado a exégesis tradicionales que no conectan con los desafíos legislativos y sociales de España. Constatamos con preocupación cómo la alocución que pronuncia el imán se sitúa, en gran medida, al margen del entorno real del musulmán español contemporáneo, permaneciendo vinculada psicológica y culturalmente al país de origen del imán y a sus dinámicas particulares. Esta debilidad en la tutorización y el descenso en el nivel formativo, cultural y legal en diversos hogares, escuelas y centros religiosos, provoca un estancamiento del hecho religioso y aparta a la juventud de una influencia positiva en su entorno.
Ausencia de autofinanciación y subordinación al patrocinio exterior: Gran parte de estas asociaciones experimenta un inmovilismo de desarrollo debido a la total inexistencia de proyectos de inversión patrimonial o modelos de autofinanciación sostenible (como fundaciones de tipo waqf, servicios comerciales legítimos o sistemas de suscripción estructurados). Esta carencia estructural somete a la propia asociación a una subordinación ideológica y organizativa absoluta hacia la entidad o país extranjero del que emanan los fondos. Este lazo de dependencia económica despoja a la junta directiva de su soberanía en la toma de decisiones, condicionando sus planes y su agenda a exigencias e intereses foráneos en lugar de centrar su labor en el análisis y resolución de las necesidades reales de la comunidad local.
Esterilidad estratégica e inexistencia de proyectos reales: Este déficit financiero y su consecuente dependencia se traducen en la inexistencia de una gestión sustentada en proyectos asociativos con justificaciones técnicas y objetivos mensurables. Se canalizan ingentes esfuerzos y capitales hacia proyectos constructivos sin fin (edificación, reforma, ampliación), soslayando la inversión en el capital humano, la capacitación de perfiles profesionales o el diseño de programas socioculturales integrados en el tejido local.
Subordinación y clientelismo político local: Se observa la tendencia de ciertas asociaciones a manifestar adhesión política hacia determinados actores o responsables locales a cambio del desbloqueo de gestiones cotidianas. Ello ocurre a pesar de que dichas demandas (tales como licencias, cementerios, educación o certificación) constituyen derechos fundamentales explícitamente garantizados por el Ordenamiento Jurídico español y el Acuerdo de 1992, y no concesiones discrecionales o prebendas políticas sujetas a transacciones electorales.
La necesidad de articular espacios de debate real para encauzar el rumbo
Esta compleja realidad pone de manifiesto una profunda paradoja: la coexistencia de unos canales de interlocución constitucionalmente reconocidos e impuestos por la legalidad española en la cúspide, frente a una representatividad islámica real, orgánica y eficaz que se revela prácticamente ausente en las bases.
El ciudadano musulmán en España no logrará abarcar la totalidad de las dimensiones de esta disfunción estructural, ni seremos capaces de articular soluciones viables, a menos que alberguemos la determinación de promover congresos, seminarios y espacios de debate abiertos y plurales. Foros donde se analice la situación de la comunidad con rigor y neutralidad, orientados a identificar las patologías del modelo y a adoptar decisiones firmes para romper todo vínculo o atadura que conduzca a la subordinación y al clientelismo, ya sea frente a agendas exteriores o ante la instrumentalización política local. Todo ello con el fin de diseñar, de forma colectiva, los mecanismos necesarios para situar la gestión de los musulmanes en España en la vía del asociacionismo avanzado, la profesionalización técnica, el éxito institucional y la soberanía absoluta en la toma de decisiones.